Los pronósticos para El Niño 2026–27 apuntan a una alta probabilidad de un calentamiento intenso en el Pacífico tropical, con posibles repercusiones para las cosechas, los precios de los alimentos y los ingresos rurales en América Latina y el Caribe (ALC). El pronóstico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) citado a continuación asigna una probabilidad del 83 % de que el Índice Oceánico del Niño Relativo (RONI)[1] alcance +2,5 °C o más entre octubre y diciembre de 2026. Esta es una probabilidad relativa a las condiciones oceánicas, no una predicción de pérdidas agrícolas específicas. Un escenario de estrés histórico construido a partir de eventos pasados de El Niño, que combina para cada producto la mayor desviación promedio respecto de la tendencia observada, muestra una productividad agroalimentaria entre aproximadamente un 4 % y un 6,5 % por debajo de la tendencia en varios países de Centroamérica y el Caribe, junto con aumentos en partes del Cono Sur. Estos patrones proporcionan una base para evaluar los riesgos y considerar medidas anticipatorias, aunque los resultados variarán entre territorios y sistemas de producción.
Comprender el ENOS: El Niño y La Niña
El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es un ciclo climático natural del océano Pacífico tropical, impulsado por la interacción entre las temperaturas de la superficie del mar y la atmósfera. Tiene tres fases. El Niño es la fase cálida, cuando las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental se tornan inusualmente cálidas y los vientos alisios se debilitan. La Niña es la fase fría, cuando esas aguas se enfrían y los vientos alisios se fortalecen. Entre ambas se encuentran los períodos neutrales, cuando ninguno de los dos patrones predomina. Debido a que el Pacífico es tan extenso, estos cambios desplazan los cinturones tropicales de lluvia y alteran los patrones meteorológicos en todo el mundo.
El ENOS es irregular, pero recurrente. Por lo general, un episodio de El Niño o La Niña se desarrolla cada dos a siete años. Los eventos suelen comenzar a formarse hacia mediados de año, alcanzan su punto máximo entre noviembre y enero y duran de nueve a doce meses, aunque algunos episodios de La Niña persisten durante dos o tres años consecutivos. Por esta razón, los años del ENOS suelen contabilizarse de mediados de un año a mediados del siguiente, como en 1997–98.
No todos los eventos son iguales. En el análisis histórico, su intensidad se mide mediante el Índice Oceánico del Niño (ONI) de la NOAA, que corresponde al promedio de tres meses de la anomalía de la temperatura de la superficie del mar en la región Niño 3.4 del Pacífico central. En la clasificación histórica utilizada aquí, elaborada por Golden Gate Weather Services con base en el ONI, se contabiliza un episodio cuando el índice se mantiene en +0,5 °C o más (El Niño), o en −0,5 °C o menos (La Niña), durante al menos cinco períodos trimestrales superpuestos consecutivos. Luego, cada episodio se clasifica según su valor máximo como débil (de 0,5 a 0,9 °C), moderado (de 1,0 a 1,4 °C), fuerte (de 1,5 a 1,9 °C) o muy fuerte (2,0 °C o más), siempre que el umbral se mantenga durante al menos tres períodos consecutivos. Según esta clasificación, 28 de los años del ENOS comprendidos entre 1950–51 y 2025–26 fueron años de El Niño, 25 fueron años de La Niña y los 23 restantes fueron neutrales. Los eventos más intensos tienden a producir impactos mayores y más generalizados, aunque no hay dos eventos idénticos.
En ALC, El Niño presenta una huella bien conocida. Centroamérica y el Caribe tienden a recibir menos precipitaciones, con sequías recurrentes en el Corredor Seco, que se extiende desde Guatemala hasta Panamá. El norte de América del Sur y la cuenca amazónica también tienden a secarse, lo que reduce los niveles de los ríos y la generación hidroeléctrica. En cambio, las costas del Ecuador y el norte del Perú suelen afrontar lluvias torrenciales e inundaciones, mientras que el calentamiento de los mares perturba la pesca. Más al sur, la Argentina, el Uruguay y el sur del Brasil suelen recibir más precipitaciones, lo que por lo general favorece los cultivos de verano. Por consiguiente, un mismo fenómeno puede provocar simultáneamente sequías, inundaciones y cosechas abundantes en distintas partes de la región.
Patrones históricos e intensidad de El Niño
De los 28 años de El Niño registrados desde 1950, nueve alcanzaron una intensidad fuerte o muy fuerte (figura 1). El valor del ONI de +2,2 °C correspondiente a julio-septiembre de 2026 (el promedio trimestral centrado en agosto) reportado en los datos utilizados aquí situaría el evento actual en ese grupo, por encima del valor máximo del episodio de 2023–24. Las comparaciones con eventos anteriores ayudan a caracterizar su intensidad potencial, pero no permiten establecer que sus impactos agrícolas seguirán el mismo patrón.
Figura 1.
Probabilidades de los pronósticos y calendario agrícola
Los pronósticos citados aquí indican una alta probabilidad de que El Niño se mantenga entre fuerte y muy fuerte hasta finales de 2026 y durante el primer trimestre de 2027. En su análisis de diagnóstico de octubre de 2026, el Centro de Predicción Climática de la NOAA estimó una probabilidad del 83 % de que el RONI alcanzara +2,5 °C o más entre octubre y diciembre (figura 2). Esta probabilidad se refiere a un umbral específico de temperatura oceánica y a un período determinado; no implica la misma probabilidad de sequía, inundación o pérdidas de productividad en un lugar específico.
Figura 2.
Según el pronóstico del 19 de octubre de 2026 del Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI), los 27 modelos considerados (16 dinámicos y 11 estadísticos) proyectan un evento de El Niño muy fuerte, con anomalías de la temperatura de la superficie del mar de al menos +2,0 °C en la región Niño 3.4 desde octubre-diciembre de 2026 hasta diciembre de 2026-febrero de 2027, y un promedio multimodelo de alrededor de +3,5 °C en octubre-diciembre y noviembre-enero. La probabilidad pronosticada de condiciones de El Niño se mantiene en el 100 % hasta marzo-mayo de 2027 y luego disminuye al 92 % en abril-junio de 2027, al 60 % en mayo-julio de 2027 y al 37 % en junio-agosto de 2027. Estas proyecciones describen una gama de posibles evoluciones y deben actualizarse a medida que se disponga de nuevas observaciones y pronósticos.
Para la agricultura de ALC, el momento de un posible punto máximo es importante, además de su magnitud. La temporada de cultivos de verano 2026–27 en el hemisferio sur, la temporada de maíz y frijol de postrera, cuya cosecha se realiza hacia finales de 2026, y la temporada de frijol de apante, que se extiende hasta principios de 2027 en partes de Centroamérica, podrían coincidir con condiciones fuertes de El Niño. Las repercusiones dependerán de las precipitaciones y temperaturas locales, de los calendarios de cultivo y de las condiciones de producción. Los pronósticos estacionales pueden ayudar a orientar la preparación, siempre que se combinen con el monitoreo local.
¿Cómo podría verse afectada la productividad agroalimentaria?
Para estimar la intensidad con que El Niño podría afectar la agricultura de la región, clasificamos cada año entre 1961 y 2024 según la intensidad del ONI. Luego, utilizando datos de FAOSTAT, medimos cuánto se desvió de su tendencia a largo plazo la productividad de cada grupo de productos en cada país durante los años de El Niño, en comparación con los años neutrales. La productividad de los cultivos se midió como rendimiento por hectárea y la productividad pecuaria, como producción por animal.
La tendencia a largo plazo se estimó mediante un filtro de Hodrick-Prescott aplicado al logaritmo de cada serie de productividad, que separa los cambios graduales impulsados por la tecnología y la inversión de las fluctuaciones interanuales. La desviación anual es la diferencia porcentual entre la productividad observada y su tendencia. Para cada categoría de intensidad de El Niño (débil, moderada, fuerte y muy fuerte), promediamos las desviaciones de los años de esa categoría y restamos la desviación promedio de los años neutrales, de modo que el efecto se mide con respecto a años sin El Niño ni La Niña. Debido a que las cosechas en el hemisferio sur tienen lugar después del punto máximo del evento, los cultivos de verano y la producción pecuaria de esos países se asociaron con la cosecha del año siguiente.
Luego identificamos la dirección predominante del efecto para cada producto y país en tres pasos. Primero, tomamos el signo que predominó en las categorías fuerte y muy fuerte. Si no coincidían, tomamos el signo que predominó en las cuatro categorías de intensidad. Si persistía un empate, utilizamos el signo del mayor efecto absoluto entre las categorías fuerte y muy fuerte. A continuación, el escenario de estrés se definió como el mayor efecto promedio en esa dirección entre todas las categorías. Por lo tanto, este escenario no es el resultado de un único episodio histórico, sino un escenario de estrés que combina, producto por producto, la respuesta promedio más adversa observada (o la más favorable, cuando El Niño ha tendido a aumentar la productividad). Los resultados se agregaron utilizando como ponderaciones el valor de la producción de cada producto.
Los patrones agregados asociados con El Niño pueden ser más predecibles que los impactos en territorios específicos. A medida que el análisis se traslada a escalas geográficas más pequeñas, las diferencias en las precipitaciones, los suelos, la elevación, el acceso al agua, los calendarios de cultivo y las prácticas de gestión hacen que los resultados sean más heterogéneos y difíciles de anticipar. Por consiguiente, los promedios nacionales pueden ocultar pérdidas y aumentos dentro de un mismo país. Los resultados que se presentan aquí deben interpretarse con cautela: describen asociaciones históricas en un escenario de evento grave, no estimaciones causales, pronósticos locales ni pérdidas con una probabilidad asignada. El escenario basado en las mayores desviaciones observadas no es una estimación del resultado más probable. Se necesitan evaluaciones locales y pronósticos actualizados para orientar las decisiones.
El escenario histórico ilustra distintos patrones en ALC (figura 3). En Centroamérica y el Caribe, las desviaciones estimadas de la productividad se sitúan entre aproximadamente un 4 % y un 6,5 % por debajo de la tendencia en varios países: Costa Rica (−6,5 %), El Salvador (−5,2 %), la República Dominicana (−4,6 %), y Panamá, Honduras y Nicaragua (alrededor de −4,2 %); la desviación estimada para Guatemala es de −3,7 %. El escenario también muestra desviaciones negativas en el Ecuador (−2,2 %), el Perú (−2,1 %) y Colombia (−1,2 %). Se observan desviaciones positivas en la Argentina (+4,1 %), Chile (+2,8 %) y el Brasil (+1,7 %), mientras que el Paraguay (−1,8 %) y el Uruguay (−1,2 %) presentan desviaciones negativas. Estos valores resumen el escenario histórico utilizado en el análisis y no deben interpretarse como pronósticos para las próximas cosechas.
Figura 3.
A escala regional, la desviación promedio estimada en este escenario es ligeramente positiva, lo que refleja la elevada participación conjunta del Brasil y la Argentina en la producción agrícola de ALC. Este valor agregado puede ocultar diferencias considerables entre países, territorios y productores. Las desviaciones negativas en países donde los hogares dependen de la agricultura de secano de pequeños productores pueden tener importantes repercusiones para la seguridad alimentaria, aun cuando la producción regional parezca relativamente estable.
Este escenario también difiere por producto dentro de un mismo país (figura 4). En Centroamérica, las desviaciones estimadas del rendimiento se sitúan entre un 5 % y un 18 % por debajo de la tendencia para el maíz y entre un 4 % y un 11 % por debajo de la tendencia para el arroz, con posibles repercusiones para el abastecimiento de alimentos y los ingresos de los pequeños productores. En la Argentina, el escenario muestra desviaciones positivas para el maíz (+5,9 %), las semillas oleaginosas (+6,3 %) y el trigo (+13 %). En el Brasil, el resultado agregado positivo coexiste con estimaciones negativas para el trigo (−23 %) y el grupo que comprende el café, el cacao y otros cultivos (−13 %). Estas diferencias refuerzan la necesidad de interpretar con cautela los promedios nacionales. La productividad pecuaria, medida como producción por animal, muestra desviaciones menores que la productividad de los cultivos, aunque este indicador no refleja todos los efectos posibles, incluidas las ventas forzosas y las pérdidas de ganado relacionadas con la sequía.
Figura 4.
Acción anticipatoria y cooperación regional
Los pronósticos disponibles para El Niño 2026–27 ofrecen la oportunidad de evaluar los riesgos y prepararse antes de que se materialicen los posibles impactos. Estos indican probabilidades sobre la evolución y la intensidad del evento, mientras que su cronología y sus consecuencias locales siguen siendo inciertas. Por consiguiente, la preparación puede avanzar mediante medidas proporcionales fundamentadas en esas probabilidades, y las decisiones pueden revisarse a medida que se actualicen los pronósticos y la información local. Para ello es necesario vincular la información climática con la exposición, la vulnerabilidad y la capacidad de respuesta locales.
La experiencia con eventos anteriores de El Niño indica que los pronósticos no siempre se traducen en una preparación oportuna. La acción anticipatoria puede ayudar a proteger la producción y los medios de vida, aunque sus beneficios dependen de la intervención, del momento en que se ejecute y del contexto local. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) estiman que cada dólar invertido en acción anticipatoria puede ayudar a evitar hasta siete dólares en pérdidas y costos de respuesta (FAO, 2026). Estas estimaciones ilustran beneficios potenciales, no rendimientos que puedan darse por sentados en todos los contextos. Los mecanismos de financiamiento, como los seguros basados en índices, los fondos de contingencia y las líneas de crédito con activadores acordados previamente, pueden facilitar una acción más temprana cuando se vinculan a indicadores pertinentes y responsabilidades claramente definidas.
La cooperación regional puede complementar la preparación nacional y territorial, ya que El Niño puede afectar simultáneamente a múltiples regiones productoras agrícolas. La aplicación de una metodología uniforme en países y agrupaciones regionales de todo el mundo revela una productividad agroalimentaria por debajo de la tendencia no solo en Centroamérica, el Caribe y los Andes, sino también en Australia y Nueva Zelandia, gran parte de África subsahariana, Asia meridional, partes de Asia sudoriental, China, Rusia y Kazajstán. Estas estimaciones indican la posibilidad de presiones simultáneas sobre la oferta, no pronostican que ocurrirán en 2026–27. Tales presiones podrían afectar los precios internacionales, mientras que las restricciones a las exportaciones podrían aumentar los costos para los países importadores. Los posibles aumentos en partes del Cono Sur podrían ayudar a compensar los déficits en otros lugares, dependiendo de las cosechas, la logística y las condiciones comerciales efectivas. La coordinación del financiamiento anticipatorio, el intercambio de información actualizada y el mantenimiento de un acceso predecible a los mercados de alimentos e insumos agrícolas pueden ayudar a gestionar estos riesgos.
Notas
- El Índice Oceánico del Niño (ONI) es la media móvil trimestral de las anomalías de la temperatura de la superficie del mar en la región Niño 3.4 del Pacífico ecuatorial central (5° N–5° S, 120°–170° O). El Índice Oceánico del Niño Relativo (RONI) parte de la misma anomalía, pero resta la anomalía promedio de toda la franja tropical (20° N–20° S) y luego se reajusta para que tenga la misma varianza que el índice original. Debido al calentamiento de los océanos tropicales, el ONI puede reflejar parcialmente ese calentamiento de fondo, mientras que el RONI aísla la anomalía de la región Niño 3.4 con respecto al resto de los trópicos. Ambos índices utilizan los mismos umbrales de ±0,5 °C. En este blog, la figura 1 y la clasificación de los eventos históricos se basan en el ONI, que proporciona una serie uniforme a largo plazo, mientras que las probabilidades de un evento histórico de la figura 2 se refieren al RONI. Para el evento actual, los dos índices difieren en magnitud, pero ambos indican condiciones de El Niño: en julio-septiembre de 2026, el ONI alcanzó +2,2 °C y el RONI, +1,7 °C, ambos muy por encima del umbral de +0,5 °C. ↩
Sobre los autores
Valeria Piñeiro
Directora de la Dirección de Cooperación Técnica (DCT) del IICA
Cuenta con un doctorado en Economía Agrícola de la Universidad de Maryland y también forma parte del cuerpo docente de los Programas Académicos Avanzados de la Universidad Johns Hopkins.
Juan Pablo Gianatiempo
Analista de investigación de la Unidad de Mercados, Comercio e Instituciones del IFPRI
Cuenta con una maestría en Ciencia de Datos del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Anteriormente se desempeñó como analista sénior de datos en Kynetec y en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
Comité Editorial del Blog del IICA:
- Joaquín Arias, Especialista Técnico, DCT del IICA.
- Eugenia Salazar, Especialista Técnica, DCT del IICA.
Nota: La traducción al español de este artículo se realizó con la asistencia de ChatGPT (OpenAI). Los autores siguen siendo responsables del contenido y las conclusiones.
Descargo de responsabilidad: Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente las de los autores y no reflejan necesariamente la posición oficial del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) ni la de sus Estados Miembros.
Referencias
- FAO. (2026, June 18). Bracing for El Niño: FAO and WFP launch joint appeal to protect 8.8 million people from extreme weather events. https://www.fao.org/newsroom/detail/bracing-for-el-ni%C3%B1o--fao-and-wfp-launch-joint-appeal-to-protect-8.8-million-people-from-extreme-weather-events/en
- FAOSTAT. (2026). Crops and livestock products; Value of agricultural production [Data sets]. FAO. https://www.fao.org/faostat/en/#data/QV
- IRI (International Research Institute for Climate and Society). (2026, October 19). ENSO forecast. Columbia University. https://iri.columbia.edu/our-expertise/climate/forecasts/enso/current/
- NOAA Climate Prediction Center. (2026a, October 8). ENSO diagnostic discussion. https://www.cpc.ncep.noaa.gov/products/analysis_monitoring/enso_disc_oct2026/ensodisc.shtml
- NOAA Climate Prediction Center. (2026b). Cold and warm episodes by season: Oceanic Niño Index (ONI), ERSSTv6 [Data set]. https://cpc.ncep.noaa.gov/products/analysis_monitoring/enso/oni/v6/
- Null, J. (2025). El Niño and La Niña years and intensities based on Oceanic Niño Index (ONI). Golden Gate Weather Services. https://ggweather.com/enso/oni.htm
Añadir nuevo comentario