El costo oculto de las restricciones a las exportaciones de fertilizantes en tiempos de crisis

En 2022, el estrecho de Ormuz desempeñó un papel fundamental en el comercio mundial: por esta vía transitó alrededor del 30% de los fertilizantes comercializados internacionalmente, el 25% del gas natural licuado (GNL) y el 20% de los embarques de petróleo crudo. En 2026, a medida que se intensificaron las tensiones geopolíticas e Irán comenzó a restringir el transporte marítimo a través de este estrecho corredor, los mercados reaccionaron de inmediato: los precios de la energía y los fertilizantes se dispararon ante la repentina incertidumbre que enfrentaron las cadenas de suministro.

La importancia del golfo Pérsico va mucho más allá del tránsito. La región también es un importante centro de producción de GNL, así como de fertilizantes nitrogenados y fosfatados. Dado que el gas natural es un insumo esencial para la producción de fertilizantes nitrogenados, como la urea y el nitrato de amonio, las alteraciones en los flujos de energía se transmiten rápidamente a los mercados agrícolas, amplificando el impacto inicial y afectando los costos de producción de alimentos en todo el mundo.

Lo que comenzó como una perturbación localizada en un punto estratégico de tránsito se ha convertido en un conjunto más amplio de respuestas en los mercados mundiales de fertilizantes, a medida que otros países exportadores ajustan sus políticas comerciales en reacción a estos acontecimientos. Esta dinámica es particularmente importante, dada la concentración de las exportaciones mundiales de fertilizantes en un reducido grupo de grandes proveedores.

Con base en los códigos de cuatro dígitos del Sistema Armonizado (SA) 3102, 3103, 3104 y 3105, y utilizando los valores promedio de exportación de 2023–2025, China y Rusia representan conjuntamente el 28% de las exportaciones mundiales de fertilizantes. Rusia es el principal exportador, mientras que China ocupa el tercer lugar. Al desagregar por categoría de producto, Rusia es uno de los principales exportadores de fertilizantes nitrogenados (3102), potásicos (3104) y mezclas (3105), mientras que China se destaca en los nitrogenados (3102), fosfatados (3103) y mezclas (3105).

Dada su importante participación en los mercados mundiales, las decisiones de política comercial de estos países pueden tener efectos considerables en un mercado mundial de fertilizantes que ya se encuentra bajo presión.

La respuesta inicial de Rusia y su posterior ajuste

El 24 de marzo de 2026, Rusia anunció restricciones a las exportaciones de nitrato de amonio (código SA 310230), dirigidas a un grupo de países que, en conjunto, representaron el 87% de sus exportaciones de nitrato de amonio en 2025, un mercado valorado en aproximadamente USD 717 millones. Para dimensionar este mercado, el nitrato de amonio representó el 16% de las exportaciones totales de fertilizantes nitrogenados del país en 2025. El principal fertilizante nitrogenado exportado fue la urea (310210), que representó el 68% de las exportaciones rusas de fertilizantes nitrogenados en ese año.

América Latina y el Caribe (ALC) probablemente habría sido la región más afectada, pues concentró el 49% de esas exportaciones. Brasil y Guatemala habrían soportado el mayor impacto, al representar, respectivamente, el 40% y el 4% de las exportaciones totales de 2025. Si las restricciones hubieran permanecido vigentes, hasta el 95% de las exportaciones rusas de nitrato de amonio hacia la región podría haberse visto afectado. Afortunadamente, la medida rusa fue levantada el 21 de abril de 2026, sin ocasionar consecuencias graves.

Figura 1

Una vez levantadas las restricciones al nitrato de amonio, Rusia introdujo nuevas restricciones a las exportaciones de mezclas de fertilizantes (SA 3105), vigentes de junio a noviembre de 2026. Aunque estas medidas se aplican a una categoría diferente de fertilizantes, continúan afectando el comercio mundial y podrían tener implicaciones importantes para los países importadores. Con base en los patrones comerciales de 2025, aproximadamente el 78% de las exportaciones rusas de mezclas de fertilizantes se vería afectado por las nuevas restricciones, y ALC concentraría el 37% del comercio afectado. Entre los importadores individuales, Brasil e India serían los más expuestos, pues representaron, respectivamente, el 26% y el 32% de las exportaciones rusas de mezclas de fertilizantes en 2025.

La reacción de China y la continuidad de su política 

A partir del 14 de marzo de 2026, China implementó amplias restricciones a las exportaciones que abarcan prácticamente todas las categorías de fertilizantes: fertilizantes nitrogenados (SA 3102), fosfatados (SA 3103), potásicos (SA 3104) y compuestos o mezclas (SA 3105)1.

A diferencia de la medida aplicada por Rusia al nitrato de amonio, las restricciones de China abarcan todos los países de destino y continúan vigentes al momento de redactar este artículo.

Anteriormente, en respuesta a la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, China esperó cinco meses antes de adoptar medidas. En julio de 2022, redujo en un 45% las cuotas de exportación de fertilizantes fosfatados con respecto al año anterior, lo que afectó a 61 países (según Global Trade Alert). Esta medida permaneció vigente durante seis meses, hasta finales de 2022.

Aunque la reducción de las cuotas se aplicó formalmente a una sola categoría de fertilizantes, las exportaciones de otros fertilizantes químicos importantes también disminuyeron de manera significativa. En comparación con los niveles de 2021, las exportaciones de China cayeron un 46% en el caso de la urea, un 24% en el del superfosfato triple (SFT) y un 88% en el del cloruro de potasio.

Figura 2

En comparación, la respuesta de China en 2022 fue tardía y parcial. La política se concentró en una sola categoría de fertilizantes mediante la reducción de las cuotas de exportación, aunque en la práctica también disminuyeron los embarques de otros fertilizantes. Asimismo, es importante considerar los principales mercados de destino de estos productos: las exportaciones de urea se dirigen principalmente a India, Etiopía y Sri Lanka; las de amoníaco anhidro, a Vietnam y Marruecos; las de sulfato de amonio, a Brasil; las de nitrato de amonio, a Vietnam y Laos; las de superfosfato triple (SFT), a Brasil; las de cloruro de potasio, a Vietnam y Malasia; y las de fosfato diamónico (DAP), a India y Bangladesh.

Figura 3

En contraste, la situación actual implica una restricción más extensa, ya que China ha detenido las exportaciones de una gama más amplia de fertilizantes. Sin embargo, esto ocurre en un periodo diferente y se suma al cierre del estrecho de Ormuz, lo que podría generar efectos distintos sobre la producción agrícola de los países importadores. Si esta medida se mantiene hasta finales de año, como ocurrió en China en 2022, los principales importadores de fertilizantes nitrogenados y superfosfato triple (SFT) procedentes de China se verán, sin duda, afectados. Entre ellos se encuentran Brasil, India, Etiopía, Vietnam, Marruecos y Laos en el caso de los fertilizantes nitrogenados —dependiendo del producto—, y Brasil y Argentina en el de los fosfatados. Los efectos podrían ser aún más pronunciados en estos dos últimos países, pues todavía no han asegurado importaciones suficientes para cubrir su demanda estacional (véase el blog más reciente).

Egipto se suma a la lista de exportadores que imponen restricciones

Egipto también se ha sumado al grupo de exportadores que endurecen su política comercial sobre fertilizantes. El gobierno egipcio impuso un impuesto a las exportaciones de fertilizantes nitrogenados (SA 3102), vigente de mayo a agosto de 2026. Egipto es el cuarto mayor exportador mundial de fertilizantes nitrogenados y representó el 6% de las exportaciones totales en 2025. Por lo tanto, la medida añade una nueva capa de presión a un mercado mundial de fertilizantes nitrogenados que ya se encuentra tensionado, junto con las restricciones de Rusia y China descritas anteriormente.

La paradoja de la amplificación

En el centro de esta crisis existe una dinámica contraintuitiva que los responsables de formular políticas deben comprender con urgencia. Cuando ocurre una perturbación localizada, el impacto inicial sobre el comercio mundial suele ser proporcional y manejable. El verdadero peligro surge cuando otros grandes países exportadores responden a la perturbación inicial imponiendo sus propias restricciones.

En lugar de estabilizar los mercados, las restricciones simultáneas a las exportaciones impuestas por varios proveedores provocan una fuerte contracción de la oferta mundial, amplifican la volatilidad de los precios y agravan la escasez. Un problema que comienza en un corredor o en un país se propaga hasta convertirse en una perturbación sistémica mundial.

Paradójicamente, la respuesta más eficiente sería exactamente la contraria: que otros exportadores aumentaran su oferta para cubrir el déficit, moderar los precios y reducir la incertidumbre de los importadores. Sin embargo, en la práctica, las preocupaciones internas casi siempre prevalecen y desencadenan lo que podría denominarse una “carrera por cerrar los mercados”. Las medidas adoptadas por China y Rusia, sumadas a la perturbación en Ormuz, representan precisamente este tipo de escenario acumulativo.

Otra posible forma de aliviar la presión generada por estas restricciones a las exportaciones consiste en que otros países aumenten su propia producción de fertilizantes y reduzcan así su dependencia de los principales exportadores que han impuesto restricciones. Algunos países ya avanzan en esta dirección, entre ellos México, Trinidad y Tobago y Guyana. Sin embargo, esta es una solución de mediano a largo plazo y es poco probable que permita subsanar los déficits actuales o de corto plazo.

En Trinidad y Tobago, Nutrien detuvo la producción de fertilizantes nitrogenados en octubre de 2025. Aunque el país cuenta con abundantes recursos de gas natural, reactivar la producción a gran escala requeriría inversiones considerables, mejoras de infraestructura y un suministro energético confiable. Debido a que la producción de fertilizantes nitrogenados exige grandes cantidades de capital y energía, y es sensible a los precios mundiales de los fertilizantes y la energía, es poco probable que se produzca una rápida reactivación sin un plan definitivo y financiamiento asegurado. Incluso si la producción se reanudara, probablemente seguiría siendo modesta en comparación con la de los principales productores mundiales y tardaría años en alcanzar una escala significativa.

El proyecto de la Planta de Amoníaco y Urea de Guyana (GAUP, por sus siglas en inglés) se encuentra en una etapa más avanzada. Esta  alianza público-privada tiene como objetivo producir anualmente 300.000 toneladas de amoníaco y urea, y se prevé que la producción comience en 2027–2028. Sin embargo, su éxito depende de que la segunda fase del proyecto Gas-to-Energy se complete oportunamente, se designe un contratista calificado de ingeniería, adquisiciones y construcción (EPC) y un proveedor de licencias tecnológicas, y se gestionen eficazmente los riesgos financieros y operativos. Si se completa según lo previsto, la planta podría contribuir a satisfacer la demanda interna y abastecer los mercados cercanos. No obstante, su capacidad prevista es pequeña en comparación con la producción mundial de urea. Por ello, podría reducir la dependencia local de las importaciones y mejorar la resiliencia del suministro regional, pero no compensaría de manera significativa déficits de fertilizantes a gran escala, ni en la región ni en el mundo.

Las consecuencias para la seguridad alimentaria

La cadena de restricciones descrita a lo largo de este artículo termina afectando la mesa de millones de personas. Cuando se reduce la oferta mundial de fertilizantes y aumentan los precios, los productores, especialmente en los países de ingreso mediano y bajo, se ven obligados a adaptarse. Pueden optar por cultivos que requieran menos insumos, reducir el uso de fertilizantes o recurrir a sustitutos de menor calidad. El resultado es claro: menor diversidad productiva y, aún más importante, menores rendimientos.

Esta brecha entre la producción potencial y la efectiva reduce la disponibilidad de alimentos en los mercados mundiales, eleva los precios al consumidor y aumenta la vulnerabilidad de los países dependientes de las importaciones. Lo que comienza como una perturbación geopolítica y se amplifica mediante decisiones de política comercial puede terminar limitando el acceso a los alimentos de las poblaciones más vulnerables del mundo. Romper esta cadena mediante una mayor coordinación entre los exportadores y una oferta más diversificada va más allá de mejorar el funcionamiento de los mercados.

Los precios de los productos básicos se han mantenido relativamente estables gracias a que las existencias mundiales son adecuadas, pero esto no se ha traducido en mejores resultados para los productores. Por el contrario, el aumento de los costos de los insumos —en particular, de los fertilizantes y la energía— está reduciendo los márgenes de ganancia. A medida que se amplía la brecha entre los costos de los insumos y los precios de los productos, disminuyen los ingresos de los productores, lo que debilita sus medios de vida y reduce su poder adquisitivo.

Figura 4

Esta dinámica tiene consecuencias sociales más amplias. Como se observó durante crisis anteriores, como la pandemia de COVID-19, las familias reducen el gasto en alimentos cuando sus ingresos se ven presionados. Esto suele conducir a un cambio hacia dietas más económicas y menos diversas, con posibles consecuencias de largo plazo para la nutrición y la seguridad alimentaria.

Nota de traducción: Esta versión en español fue traducida del original en inglés con apoyo de ChatGPT (OpenAI), utilizando el modelo GPT-5.6 Sol, y posteriormente revisada y editada por el equipo de OPSAa/IICA.

 

🖋️ Sobre los autores

Valeria Piñeiro

Valeria Piñeiro es directora de la Dirección de Cooperación Técnica del IICA. Anteriormente se desempeñó como coordinadora sénior de investigación en el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI). Tiene un doctorado en Economía Agrícola por la Universidad de Maryland y también forma parte del cuerpo docente de los Programas Académicos Avanzados de la Universidad Johns Hopkins.

Juan Pablo Gianatiempo

Juan Pablo Gianatiempo es analista de investigación de la Unidad de Mercados, Comercio e Instituciones y trabaja en la sede del IFPRI en Washington, D. C.

Comité Editorial de BlogIICA

  • Joaquín Arias Segura
     
  • Eugenia Salazar

         Dirección de Cooperación Técnica del IICA

 

*Las opiniones expresadas en este blog son responsabilidad de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones del IICA ni de sus Estados Miembros.

 

Notas
  1. Las restricciones abarcan los siguientes códigos SA: 310210, 310290, 310311, 310319, 310390, 310420, 310430, 310490, 310520, 310530, 310540, 310551, 310559, 310560 y 310590.

 

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